30 sonrisas con historia

Libro benéfico surgido de la idea del fotógrafo Rafael Plaza Aragonés de hacer una exposición fotográfica y literaria.

 

Colaboraron muchas más asociaciones solidarias como por ejemplo Mensajeros de la Paz. Así, el prólogo del libro es del Padre Ángel. También cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Son treinta fotografías de niños con diversas enfermedades e inspiran otros tantos relatos cortos y microcuentos de escritores de España y Latinoamérica.

 

Yo escribí esos cuatro textos y también hice la corrección ortotipográfica del libro en una segunda revisión. Espero que pueda publicarse alguna vez a través de alguna plataforma digital u otra forma.

RÍETE

Aquí donde me ves, no me ves, chaval, te reflejas en mis gafas doradas, de espejo, tan chulas, como se llevan ahora. Yo siempre a la moda.

 

No me ves porque ese es tu reflejo, no el mío, el mío está detrás. Y en mi sonrisa abierta, divertida, simpática, y para mosquearte, que para eso también te inclino la cabeza. “Sí, ¿qué? Tú, el de la cámara, ¿qué pasa?, ¿a que no adivinas lo que estoy pensando? Venga, inténtalo”.

 

Y tú ahí delante, leyendo esto, y aquel y el otro y el de más allá. No me veis los ojos ni lo que hay en mi mirada. Solo reflejos, solo mi gesto. El de cualquiera, el de todos. ¿O es que ves algo más y yo no me he enterado? Si eso, me lo dices, ¿vale? Pero mientras ríete también. ¿O es que eres un muermo, un tieso, un triste? Hace un día fabuloso y luce el sol, así que protégete los ojos. Como hago yo. Venga, hasta otro rato. 

ESCONDITE

Me están buscando, vienen a por mí, voy a esconderme. Este es un buen sitio y, además, detrás de este cojín no me encontrarán. Luego a esperar. Oiré que me llaman, pero seguiré aquí callada y sin moverme un milímetro. Después, cuando se alejen, desplegaré la estrategia. Un paso aquí, otro allí, con sigilo y cautela. Llegaré hasta esa esquina, luego enfilaré el pasillo, despacio. El cojín amortiguará mis ganas de reír, la excitación por la sorpresa que les daré apareciendo cuando menos se lo esperan. ¡Uf, un momento, que parece que se acercan! ¡Cuerpo a tierra! Menos mal que el cojín está blandito. ¡Y qué color tan bonito! Naranja, como el sol, y el sol que llevan mis ojos dentro es el que primero ilumina el mundo y le dice hola. Como yo.

Ea, voy a ello. Venga, me acerco. Despacio, despacio…


Fotografías de (c)Rafael Plaza Aragonés.

DESCANSEN

Lo de hacer maniobras y ejercicios bajo este sol infernal lo llevo muy a mal. Y eso que tengo ya mucha mili. Soy un tío duro, acostumbrado a bregar, y formal y obediente como el que más. Las órdenes son las órdenes y el que manda es el que manda. Soy tropa rasa, y a mucha honra. Además, le echo lo que hay que echar y mis misiones no son moco de pavo, ni mucho menos. Ahí lo pone: explosivos. Tela. Tonterías las justas con el tema.

 

Pero hoy estoy de permiso. Me han encargado otra misión y asignado otro mando. Me ha extrañado un poco al principio porque su uniforme no lleva estrellas y no sé si es sargento, teniente, capitán o general. Igual es más que todos esos. O de algún cuerpo especial, o de los más secretos. Pero no tiene pinta, la verdad, aunque ¿quién puede fiarse de las apariencias? Y ya he dicho que estoy a mandar. Así lo he hecho y no he podido pasar un día mejor. Sobre todo porque en esto de detectar, aunque esté feo que lo diga, soy efectivo al cien por cien. Y cómo no voy a detectar un explosivo tan grande como la alegría de un mando que sonríe todo el tiempo.

 

Mañana voy a echar una instancia. Por mis años, mi experiencia, que ya me toca ascender. Así que me merezco que me toquen más descansos, pero sobre todo, un mando, un dueño exactamente igual que este. 

JULIETAS

Agua, ruido, sol, calor, gotas, me gustan, las quiero, dámelas, echa más. Están fresquitas, se mueven sin parar, no puedo atraparlas, no se dejan las condenadas. Pero lo conseguiré. Si no ahora, a la próxima. En otra fuente, en otro río, en otra cascada, en las olas del mar, en la lluvia, en las lágrimas, en la tormenta, en la laguna, en un charquito, en la Luna o en Marte, que dicen que hay agua. Puedo ir hasta allí, no lo dudes. ¿Quién dijo miedo? Todo por cazarlas.

 

Lo haré. Todas esas gotas serán mías, las convertiré en un inmenso lago para que no se escapen, para saciarme la sed o refrescarme la piel, los ojos cuando me piquen. Pero sobre todo para divertirme, para hacerlas bailar cuando quiera, bailar con ellas, amarlas. Sí, eso, serán todas mis Julietas. Que me alegren el alma y a todos los que me rodean.