Con Gema, el pasado 27 de noviembre de 2017.
Con Gema, el pasado 27 de noviembre de 2017.

Pozuelo de Alarcón, 31 de mayo de 2018

 

Como lectora he gozado del privilegio de vivir en primera persona masculina los avatares de este viaje iniciático que cambiará las vidas del Francés y de Marie, además de asistir a su peregrinación íntima más profunda.

 

Somos lectores predilectos de su autora, Mariola Díaz-Cano Arévalo, quien nos confía estas vidas en movimiento, acción que se traduce en dos vertientes: una peripecia vital y otra existencial que convergen en el todo.

 

Ernesto Sábato, en su obra El túnel, nos presenta a dos personajes incomunicados en sintonías diferentes, incapaces de maridad y fundir su existencia. Díaz-Cano va más allá, sabe cómo ir enlazando estas galerías del alma, como decía Machado, con el objeto de que vayan confluyendo vidas y el paisaje se ensanche. El amor de ambos se torna así espiral centrífuga que va inundando, desde el núcleo, las periferias de los protagonistas. Estos personajes, redondos ambos, que van sufriendo el contagio mutuo tornándose canalla ella y angelical él identificándose así el recurso cervantino de la "quijotización" de Sancho y viceversa, que está presente en la novela.

 

La recurrente habitación indefinida y los lagos, espacios interno y externo respectivamente, junto al tiempo dilatado, sin medida, se nos presentan como personajes, testigos mudos propiciadores de la acción y la devoción mutua de los amantes. Estos elementos espaciotemporales aparecen como símbolos de la soledad que les acecha pero que no conseguirá atraparlos.

 

Díaz-Cano nos sumerge en el mundo del juego, de las manos clandestinas de póker con un estilo impecable, sabe crear la atmósfera precisa con la palabra justa, varonil. Su estilo plagado de ágiles diálogos es directo, a ratos duro, a ratos tierno y poético cuando cambia a la lengua francesa, contrastando como lo hacen los mundos alejados de los protagonistas. Fina ironía, humor, ingenio, sarcasmo en pinceladas aportan verosimilitud a la obra y nos acercan al estilo de la novela negra que tanto admira y gusta a la autora. Solo queda felicitar a mi amiga Mariola por esta gran novela. Me quedo con todo, y especialmente, con esta cita de la primera página que augura, a mi modo de ver, el desarrollo y conclusión de la obra. El amor es la clave. "El frío me quiso congelar la sangre y esculpir aristas en la cara, pero no lo consiguió".