ME LLAMABAN PERRO NEGRO

Ilustración de (c)Verónica Mercader
Ilustración de (c)Verónica Mercader

Me llamaban Perro Negro por mi pelo y ojos oscuros. Vivía en la carretera, viajando de un sitio a otro, quizás porque muchas veces deseaba notar la lluvia cayendo sobre mí, sentir el agua bendita o púrpura del cielo, o me quedaba el tiempo que fuera esperando un día soleado cuando me cansaba de esa lluvia, sobre todo la de noviembre. Pero en especial porque me gustaba conducir entre interminables campos de fresas y oro. Además, casi todas las ciudades por las que cruzaba parecían decirme "bienvenido a la jungla" e, instintivamente, me veía de vuelta al pasado, a aquella suave nana que me susurraba mi madre. Apenas recuerdo los ojos de mi padre.

      Me marché muy joven con el firme propósito de que otro mordiera el polvo si me iban mal las cosas y tratar de no pisar jamás la prisión de Folsom. Decidí también que, donde el destino me llevara, las calles no tendrían nombre, las escuelas serían de calor y solo habría coches y chicas. Y si las luces de la ciudad lograban deslumbrarme, entonces sí me detenía una temporada y me convertía en el hombre del piano en cualquier local donde hubiera uno.

     Una noche conocí a Roxanne y sé que llamé a las puertas del cielo. Pero no terminé de fiarme porque ya me creía el rey del dolor en cuanto a lecciones de amor. Sin embargo, cuando los corazones se meten en problemas, no atienden a la razón y no importa nada más.

 

   SIGUE LEYENDO EN LA V SEMANA NEGRA DE LA GLORIETA - Blog Cita en la Glorieta.

 


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Comentarios: 2
  • #1

    Gonzalo Figueroa Cea (sábado, 25 agosto 2018)

    Alto vuelo creativo.
    Me encantó.

    Saludos fraternos

    GFC

  • #2

    Juan José Cebrián (sábado, 25 agosto 2018 10:22)

    Trepidante, a ritmo de Rock. Engancha. Hay que leer el desenlace